marcella mattar

escritora. o resto é pura indecisão.


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El acuario vacío

El acuario vacío

 

traducción português-castellano por Marcella Mattar, Lucho Pacora y Francisco Patrón hecha para presentación en el taller “La literatura anormal”, maestro Hernán Ronsino, en febrero de la Casa de Letras en Buenos Aires.

 

“De nuevo se murió”, dijo el hombre mientras servía una gran taza de café. Sólo entonces, al darse cuenta que las gotas de café habían manchado la toalla, “¡Mierda!”, abruptamente dejó caer la cafetera sobre la mesa y tomó un paño.

La mujer miró el acuario sin emoción.

– ¿Otra vez?

– Una vez más, dijo irritado, mientras trataba de limpiar la mancha en la toalla.

La mujer miró a su marido con indiferencia. Ni siquiera había notado el acuario vacío a pesar de llevar un buen rato en la cocina.

– Debe haber un problema con el agua – continuó el hombre – no es posible que se mueran tan rápido.

– ¿Puedes manejarlo? – Le dijo a su marido, mientras ella volvió a organizar los papeles de la mesa.

– Tengo que terminar mi tesis.

Ella lo oyó suspirar lejos de los pasillos del apartamento.

– Ahora paso por la tienda antes de que se despierte.

El acuario permaneció vacío hasta la mañana siguiente, cuando Juan llegó con un nuevo pez envuelto en una bolsa de plástico con agua.

– ¿Crees que éste se parece al anterior? – Dijo a su esposa, dejando caer la bolsa con el pez en la mesa.

Todo lo que tenía que hacer era seguir comprando un pez del mismo color. Todos eran iguales y la hija nunca se daba cuenta del cambio.

– ¡Cuidado! – exclamó la mujer – ¡No pongas esta cosa cerca de mis papeles!

Juan trató de mantener la calma, pero ella siempre se exaltaba. Miró por la ventana, el sol brillaba en el cielo azul magnífico. Era casi la hora del almuerzo.

– Voy a pedir a Rita que despierte a Marina – dijo, apartando los ojos del horizonte.

Recogió el recipiente con el pez y lo vio como claustrofóbico en la bolsa pequeña. Por un momento sintió pena. Luego tomó un cuchillo que estaba sobre la mesa, abrió la bolsa y mecánicamente puso el pez en el acuario.

Marina llegó a la cocina hablando de las actividades de la escuela. La madre se retiró de la cocina para leer en silencio .

– ¡Buenos días, zanahorita! – Dijo, mirando el pez de color naranja en el acuario

– Papá, el pececillo está cada día más hermoso.

El padre se echó a reír distraído mirando la televisión. Marina se sentó a la mesa y esperó por la comida.

– Papá, la toalla está sucia.

– Papá sin querer derramó café.

– ¿Y no vás a comprar otra?

– Ahora no – respondió él.

– Era mi toalla favorita.

Marina habló con el pez mientras Rita preparaba el almuerzo. Era su mejor amigo, su compañero más fiel. Después del almuerzo , el padre fue a trabajar y la madre se quedó en la cocina a escribir la tesis. Le gustaba estar en la cocina porque más tarde podría ver el atardecer. Rita buscó Marina en la escuela, y el día pasó como otro cualquiera.

En algún momento de la madrugada, Marina se despertó asustada. Había tenido una pesadilla. Soñó que su madre se convertía en pez y nunca volvía a la normalidad. Pero no era un pez bonito, era uno de esos monstruosos de los que ella tenía miedo. Se levantó de la cama. Tenía sed. Entró en la cocina, a través del silencio y la oscuridad de la habitación, preguntándose si los padres ya estaban dormidos . La cocina tenía grandes ventanas y era iluminada, aliviando su temor. Por alguna razón , todo el mundo en la casa tenía una preferencia extraña por la cocina. Tomó un vaso en el armario y lo llenó de agua hasta casi derramarla. Se lo tomó todo. Como se sentía sola, fue al acuario y se quedó allí viendo el pez durante largos minutos. Escuchó un ruido extraño proveniente de la habitación de la empleada. Se preguntaba cómo sería vivir bajo el agua . ¿Cómo respiran los peces ? Él era tan lindo. Los gemidos de la habitación de al lado no paraban. Mientras tanto, “zanahorita” siguió corriendo de un lado a otro, haciendo movimientos sin sentido. Simplemente paseaba por el cubo de cristal. En algún momento se detuvo, mirándola como si supiera que ella lo estaba viendo. La chica miró profundamente los ojos del pez. Sintió que el animal la miraba también, comunicándose con ella. El acuario era melancólico, aunque los padres nunca lo dejaran vacío. Se imaginó a su madre durmiendo sola en el otro lado del departamento. Sonrió al pez de color naranja, este “zanahorita” era uno de los más bonitos que había ganado en los últimos meses. Sumergió su pequeña mano en el agua y agarró al pez. Cuando él estaba muerto, lo devolvió al acuario y luego regresó a su cuarto a dormir nuevamente.

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